¿Son realmente empáticos los perros?

Por Juan Luis de Castellví @jldecastellvi

Hace muchos años, llegué a casa saliente de guardia (momento en el que todos solemos estar más sensibles, entre otras cosas), pero como no tenía sueño, tras sacar a Chui a un breve paseo antes de ducharme y cambiarme, me puse a leer el correo electrónico. Alguien me había enviado un vídeo de perros, y en los vídeos relacionados que aparecen a continuación, había uno con la imagen de un perro clavado al mío. Así que cometí el error de abrirlo. Era la despedida de un golden con cáncer, al que acompañaban al veterinario para dormirlo por última vez. Tras la pertinente llantina abrazado a mi perro, el día continuó sin más novedad. Cuando mi pareja salió de trabajar y llegó a casa, se sentó en la cocina a comer algo mientras yo me apoyaba junto al fregadero. Chui, como de costumbre, se tumbó a medio camino entre ambos, pero sin mirar a ninguno, y yo me puse a contarle la misma historia que acabo de narrar, pero como lo tenía reciente, me puse triste de nuevo. Como si se hubiera disparado un resorte, repentinamente Chui se puso de pie y se lanzó a meter la cabeza entre mis piernas mientras movía el rabo frenéticamente. Fue una reacción conmovedora. Y no fue la única a lo largo del tiempo que compartimos.

 

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Prada, con cara de quererte mucho y ser muy empática.

Mi compañero de blog (y amigo), Jaime Alonso, participó como voluntario de Cruz Roja en el desplome de la fachada del Hospital Marqués de Valdecilla de Santander en 1999. Hubo 4 muertos y varios heridos. Cuando volvía a casa, afectado por lo visto cada día durante el periodo que trabajó sobre el terreno, Ur, su cachorro de perro pastor vasco, iba directo a saludarle y se tumbaba a sus pies toda la noche.

Historias como estas son bastante habituales entre las personas que conviven con perros, y de un tiempo a esta parte se ha intentado probar repetidamente qué hay detrás de estas reacciones. Hoy tenemos un nuevo estudio que parece corroborar que los perros tienen empatía y un comportamiento prosocial hacia nosotros, los humanos.

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Pipa buscando calor humano tras llegar a su nuevo hogar.

En su trabajo “Timmy’s in the well: Empathy and prosocial helping in dogs” publicado en “Learning & Behavior“, la investigadora Emily M. Sanford ha estudiado lo que sienten los perros cuando sus dueños demuestran estar en una situación de sufrimiento.

Ya había estudios que indicaban que los dueños de perros, incluso los que no están dedicados a terapia, creen que dichos animales perciben y reaccionan a sus estados de ánimo (Vitulli, 2006). Varios estudios, y yo tiendo a estar de acuerdo, apuntan a que los perros tienen esta reputación de sensibilidad emocional porque durante la ontogénesis, si el contacto humano ha sido prolongado, especialmente desde la etapa de cachorro, desarrollan una gran habilidad para leer las pistas visuales que damos los humanos.

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El contacto desde cachorros es muy importante en el desarrollo del perro, y en la creación de vínculos entre nosotros. Eyra en su primer viaje en coche.

En particular, los perros son especialmente reactivos ante el llanto humano. Tanto perros como humanos, muestran signos de estrés y malestar, tanto conductuales como mesurables en niveles de cortisol (hormona del estrés), al escuchar el llanto de un bebé, en comparación con un bebé emitiendo sonidos normales. (Yong & Ruffman, 2014).

La introducción del artículo es larga, y da multitud de ejemplos de otros estudios que confirman este punto de vista, todos figuran en la bibliografía del artículo que estamos analizando. Finalmente, el estudio mostró evidencias de que los perros muestran un comportamiento prosocial hacia los seres humanos, es decir, que tienen tendencia a ayudarnos y mejorar nuestro bienestar. En el experimento los perros tenían que llegar a un humano que lloraba o hacía sonidos que simulaban malestar, la velocidad con la que los perros ejecutaban la tarea, da muestras de su preocupación por los humanos con los que conviven, porque los perros se daban más prisa en abrir la puerta que les separaba de sus humanos en las situaciones en las que aparentaba haber un problema que en las que no estaba pasando nada malo (situación de control). Algunos de los perros se estresaban tanto, que no eran capaces de abrir la puerta y llegar hasta los humanos, pero a través del análisis del ritmo cardiaco y los niveles de cortisona, se puedo confirmar que se bloqueaban por el estrés.

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Blast no estaba especialmente empática, solo quería ver si le caía algo de lo que estaba comiendo (mea culpa).

Un detalle muy llamativo del estudio, fue que no se encontró ninguna diferencia entre perros de terapia y perros “normales” respecto a su preocupación por los humanos. Se interpreta que se debe más a que los exámenes para certificar a perros de terapia están más enfocados a la obediencia que a rasgos relacionados con la empatía. Se da una llamada de atención a las organizaciones que usan estos animales para que puedan valorar si deben evaluar la selección de perros de acuerdo a otros requerimientos.

Si bien hay que seguir investigando, la empatía entre especies y la ayuda prosocial encontrados en este experimento son consistente con investigaciones previas en primates no humanos, que han demostrado empatía hacia los humanos en ciertas tareas (Warneken & Tomasello, 2006). (…) Ya sea que los perros estuvieran o no motivados por la empatía cuando proporcionaron ayuda a su dueño en una situación de necesidad, parecen ser capaces de responder diferencialmente a los humanos en función de sus estados emocionales (Custance y Mayer, 2012). La extensión de esta respuesta empática y bajo qué condiciones puede ser obtenida merece una mayor investigación, especialmente porque puede mejorar la comprensión de la historia evolutiva compartida de humanos y perros. Los estudios futuros sobre la empatía en los animales permitirán una comprensión más profunda de este mecanismo de cohesión social, cómo evolucionó y cómo puede ocurrir entre individuos dentro de una o entre múltiples especies. Este estudio contribuye al
debate sobre empatía y la conducta prosocial motivada por la empatía en los perros. Este comportamiento a veces parece estar motivado por el deseo de contacto social solamente, pero sigue patrones humanos de ayuda empática en condiciones de angustia. Es más probable que los perros proporcionen ayuda a un ser humano necesitado si pueden enfocarse en la necesidad del ser humano en lugar de su propia angustia personal.”

Confío en que os haya resultado tan interesante como a mi. Cuéntanos tu opinión en los comentarios del blog, en la página de Facebook o en Twitter. Y sobre todo, no compres, ¡ADOPTA!

 

Imágenes:

Foto de Prada: Autora Lorena Estévez. Foto cedida en exclusiva para su uso en este blog.

Foto de Pipa: Autora Lorena Estévez. Foto cedida en exclusiva para su uso en este blog.

Foto de Eyra. Autora Laura Mancebo. Foto cedida en exclusiva para su uso en este blog.

Foto de Blast: Autor Juan Luis de Castellví. Foto cedida en exclusiva para su uso en este blog.

Bibliografía:

Sanford, E.M., Burt, E.R. & Meyers-Manor, J.E. Learn Behav (2018). https://doi.org/10.3758/s13420-018-0332-3

Vitulli,W.F. (2006). Attitudes toward empathy in domestic dogs and cats. Psychological Reports, 99(3), 981–991. https://doi.org/10.2466/ PR0.99.3.981-991

https://link.springer.com/journal/13420

Learning & Behavior

ISSN: 1543-4494 (Print) 1543-4508 (Online)

 

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