Prepara a tu perro para las visitas al veterinario.

Habilidades caninas y gestión emocional aplicadas a la consulta veterinaria.

Por Patricia Moya Martín*

Si viviéramos en un mundo ideal, las guerras no existirían, se acabaría el hambre en la Tierra, la colada se tendería sola y… llevar al perro al veterinario no sería un infierno. ¿Te lo imaginas? Tu perro pasando tranquilamente la puerta de entrada, subiéndose alegremente a la mesa de exploración, dejándose tomar la temperatura sin un atisbo de pánico y mirándote buscando tu aprobación…

Bueno, quizá pretender que un perro disfrute de la presencia de un termómetro en salva sea la parte es demasiado ambicioso, pero ten por seguro que es posible lograr que el animal acepte la manipulación en la consulta sin sentir que patalear, morder y gritar es lo único que puede hacer para salvar su vida.

Para que nuestro perro no se sienta nervioso en este tipo de situaciones (o al menos minimizarlo al máximo), contamos con un tándem de herramientas llamadas empatía, habituación, gestión emocional, habilidades caninas, intermitencia y progresión.

HABITUACIÓN AL ENTORNO

             Para conseguir que nuestro perro tenga una conducta adecuada en situaciones de estrés, es imprescindible que sea capaz de mantener dicha conducta en condiciones favorables. En otras palabras; no podemos esperar que nuestro compañero acepte con agrado entrar en la consulta veterinaria si el 100% de las veces que entra va a sentir dolor físico.

Para ello, al contrario, y sobre todo al principio, será necesario que la mayoría de las visitas sean agradables o, como mínimo, neutras. Acciones tan sencillas como pasar a la zona de recepción, darle un premio (ya sea gastronómico, una caricia o un premio verbal) y volver a salir y continuar el paseo pueden hacer mucho en lo que a la actitud inicial del perro se refiere. Muchas personas aprovechan este pequeño gesto para, por ejemplo, pesar a su mascota.

Ares siesta
Ares echando una siesta en la consulta del veterinario.

PROGRESIÓN

             El concepto de progresión no sólo implica ir “de menos a más”, sino hacerlo de forma gradual y al ritmo adecuado. Esto es especialmente importante en perros que ya tienen conductas de miedo dentro de la clínica veterinaria, puesto que ya no partimos de cero, sino que ya existe algo que solucionar.

La progresión se trabaja a distintos niveles: en la habituación al entorno, podemos empezar entrando sólo a la zona de recepción, pero poco a poco ampliar y (siempre que nuestro veterinario esté de acuerdo) pasar a la zona de consulta, subir y bajar de la mesa, etc. También podemos centrarnos en la habituación al manejo, que será imprescindible practicar primero en casa, en ausencia de estímulos, para luego ir aumentando dichos estímulos de forma controlada (parques, coche, monte…). De esta manera, cuando empecemos a trabajar el manejo de nuestro perro dentro de la clínica, ya habrá mucho trabajo previo en que el animal ya sabe qué se espera de él y que, además, no tiene nada que temer.

Por supuesto, todo trabajo con nuestro perro que queramos realizar en el entorno de la clínica deberá ser aprobado por nuestro veterinario, deberíamos explicarle qué queremos hacer y por qué. De esta manera, la mayoría de los facultativos no sólo están de acuerdo con estas medidas sino que fomentan que se lleven a cabo tanto por el bienestar de los perros así como por su propia seguridad.

GESTIÓN EMOCIONAL

             Cuando hablamos sobre estrés, miedos, inseguridades… la gestión emocional es la clave. Aquí no valoramos si un “fuss” es perfecto, si en el “platz” el perro tiene una posición perfecta en esfinge… lo único que nos debe importar es que el estado emocional de nuestro amigo sea el adecuado. Qué fácil, ¿verdad?

En realidad no siempre es sencillo. Es necesario conocer a nuestro perro y mediante su lenguaje corporal, obtener una lectura sobre su estado de ánimo; ¿tiene miedo? ¿está alegre y receptivo? ¿está nervioso o demasiado excitado? Una actitud atenta pero tranquila es muy deseable para trabajar el manejo de los perros dentro de la clínica veterinaria.

Nota: ¡¡No te olvides de TU propia gestión emocional!!

limpieza
Limpieza bucal SIN anestesia, gracias a una buena gestión emocional.

HABILIDADES CANINAS ÚTILES PARA EL MANEJO DENTRO DE LA CONSULTA

Aunque parezca que todo lo anterior son palabras de relleno, en realidad son la base, las condiciones sin las cuales no se puede trabajar nada de lo que hablamos a continuación. En otras palabras: son la masa de la pizza sin la cual no puedes disfrutar de una buena 4 quesos…

De lo que se trata es de aprovechar las habilidades caninas básicas (y no tan básicas) para conseguir colaboración, sobre todo postural, a la hora de una revisión, una toma de muestras, o una prueba de laboratorio sencilla. A continuación exponemos una pequeña lista y sus aplicaciones, aunque el límite, como casi siempre, está en nuestra imaginación:

EJERCICIOS ESTÁTICOS / PERMANENCIAS

Importantes en prácticamente todos los ejercicios que vienen después, puesto que en la mayoría de procedimientos es necesaria cierta inmovilización del animal que, si es voluntaria, facilita mucho tanto el trabajo del veterinario como la llegada a un diagnóstico rápido y correcto.

SUBIR / BAJAR DE LA MESA

Ejercicio especialmente importante para los propietarios de razas grandes y gigantes, condicionado siempre a la ausencia de dolores articulares, cojeras, lesiones musculares o tendinosas…

SENTADO

Es el primer ejercicio que aprenden el 80% de los perros, muy fácil de enseñar y útil para ciertas exploraciones como: ojos, orejas, dentadura, ganglios mandibulares y preescapulares…

DE PIE

A nivel de usuario pocas veces se enseña esta postura, que sin embargo resulta muy útil tanto para la exploración general del perro, como para acciones más específicas como: exploración neurológica, aplicación de vacunas, exploración de columna vertebral… Mención especial para la realización de electrocardiogramas (aunque a veces se realiza en otras posiciones), en los que es necesario que el animal esté lo más inmóvil y relajado posible durante uno o dos minutos.

TUMBADO

Esta postura es muy socorrida en la clínica especialmente para cura de pequeñas heridas, vendajes de extremidades, radiografías, etc.

HACERSE EL MUERTO

Derivada de la anterior, además de los procedimientos ya descritos, suele ser útil para la realización de radiografías y especialmente ecocardiografías, en que es necesario que el animal permanezca totalmente tumbado e inmóvil.

DAR LA PATA

La utilidad más evidente de este ejercicio nos viene a la mente a la hora de realizar una extracción de sangre o una exploración pormenorizada de las extremidades anteriores, pero también pueden existir otras situaciones en que sea útil.

TUMBARSE BOCA ARRIBA

Tener al perro tumbado boca arriba facilita mucho el trabajo en el caso de perros grandes cuyo manejo físico es más difícil, sobre todo a la hora de realizar radiografías y ecografías abdominales.

CAMINAR / TROTAR AL LADO

En casos de cojeras, para comprobar dónde está el dolor y a qué nivel muchas veces se nos pedirá que hagamos caminar y trotar al perro a nuestro lado. En estos casos no necesitamos un “fuss” perfecto, ni siquiera queremos que el perro nos mire a nosotros, pero sí que pueda hacerlo en línea recta y con cadencia.

“MÍRAME”

No es un ejercicio postural en sí mismo, pero conseguir que nuestro perro nos mire a la orden resulta útil en muchas situaciones cuando necesitamos desviar su atención, a ser posible hacia nosotros.

cepillado
Nada como un buen “muerto” para cepillarlo a fondo.

HABITUACIÓN AL MANEJO EN LA CONSULTA VETERINARIA

Como ya comentábamos en el apartado de la habituación al entorno, si aspiramos a que nuestro perro se sienta cómodo al ser manipulado durante una consulta veterinaria, es imprescindible que, de forma rutinaria, esté acostumbrado a dicha manipulación en casa.

La mayor parte de los propietarios acostumbran a tocar a sus perros en zonas concretas del cuerpo, principalmente cabeza, lomo/flancos y abdomen. Sin embargo, y preferiblemente desde cachorros, es muy beneficioso que de manera habitual toquemos todo el cuerpo del animal, asociándolo a refuerzos positivos (normalmente comida, pero también es interesante utilizar el premio verbal y una salida con juegos después de la sesión de “manoseo”). Y cuando hablamos de todo el cuerpo, es todo el cuerpo:

– Patas: las cuatro, por delante, detrás, entre los dedos, almohadillas, cortar uñas…

– Orejas: por fuera y por dentro, limpiar los oídos de forma habitual.

– Hocico: es interesante que ciertas caricias en forma de premio sean en el hocico, por encima, por debajo, incluso entre los ojos (a algunos perros esto les relaja bastante). Acostumbremos a tocar la nariz, levantar belfos, tocar dientes, encías, lengua, abrirle la boca…

– Cola y grupa: habituar al perro a las caricias en esa zona, el cepillado, etc. (algunos perros son especialmente reactivos al tacto en la zona del nacimiento de la cola)

– Ano: tomar la temperatura de vez en cuando.

Además de acostumbrar a nuestro amigo a que tolere que le toquemos o sostengamos partes de su cuerpo, también deberíamos enseñarle que existen sensaciones diferentes al simple contacto que no tienen por qué resultar una amenaza para él. Para ello, aplicaremos presión en determinadas zonas (como las patas, simulando la presión necesaria para realizar una extracción de sangre) y muy leves pellizcos en la piel (insistimos: muy leves y sólo en la piel, en absoluto se trata de provocar ningún tipo de dolor).

CONCLUSIÓN

Lo que pretendemos con todos estos ejercicios de habituación es conseguir reducir los niveles de estrés y miedo de nuestro amigo, que conozca de antemano las sensaciones y acciones a las que se va a enfrentar en una consulta o revisión rutinaria, y de esta manera tenga una mejor presdisposición a ser manipulado. De igual modo, si el veterinario no tiene que “luchar” con un animal nervioso y aterrorizado, con seguridad realizará su labor con mejor concentración y quizá tenga mayor facilidad para llegar a un diagnóstico preciso.

Por supuesto, estas indicaciones son válidas únicamente para revisiones rutinarias, vacunas y consultas que no revistan urgencia. Por favor, nunca exijas ejercicios de obediencia en un perro que sufre de gran malestar o mucho dolor. Simplemente no es justo para él.  Recuerda que, en todo momento, se trata de darle el mejor trato desde el mayor respeto.

Imagen1
Ares es un perro feliz en el veterinario.

*Experta profesional en aprendizaje animal y métodos de educación y adiestramiento orientado a perros detectores, de seguridad y rescate. Educadora canina homologada GI-56 por el Gobierno Vasco. Formación en Ciencias Biológicas.

Imágenes: Todas las fotos son propiedad de Patricia Moya, cedidas para su uso en este artículo. 

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