El momento “¡coño!”, y por qué socializar a los perros.

Por Juan Luis de Castellví

Cuando sucede algo inesperado, nos llevamos un buen susto, la respuesta de nuestro cuerpo la proporciona el sistema simpático. Es involuntaria, hay unos instantes (un cuarto de segundo aproximadamente), en el que la reacción no la podemos controlar. Da igual que seamos policías muy entrenados, bomberos consumados, o los mejores guías de perros en una exhibición. Es lo que, perdonen mi francés, yo llamo “el momento ¡coño!, porque he descubierto que en mi reacción involuntaria, siempre exclamo “coño” cuando me llevo un susto, entre otras medidas que tomo automáticamente.

Bueno, esto tiene varias explicaciones, pero hoy quiero centrarme en una muy clara en lo que afecta a la necesidad de socializar a nuestros perros y adaptarlos a tantas situaciones inesperadas como sea posible.

De un modo básico, podemos decir que el cerebro ha ido evolucionando, y en los humanos el cortex prefontal está muy desarrollado y nos permite analizar con lógica las situaciones, cosa que otros muchos animales no pueden hacer. Para lo que quiero explicar, nos basta con esto.

Como decía, actúa el sistema simpático, que nos pone en alerta rápidamente. El miedo aparece en la amígdala, que está en el sistema límbico. Luego, según se está más o menos evolucionado, aparece el cortex prefontal (también llamado neocortex), que está más desarrollado en nosotros que en cualquier otro animal. Pero la primera reacción, la da esta parte del cerebro. ¿Por qué? Porque es mejor pegar un salto cuando vemos una cosa peluda que se mueve entre los arbustos, pensando que es un animal peligroso y descubrir luego que es un conejo, que esperar a que nuestro cerebro más evolucionado decida lo que es tras procesar toda la información, y luego reaccionar. Porque si es algo no amenazante, no pasa nada, pero si era algo mortal, igual ya es demasiado tarde.

El Dr. LeDoux* lo denomina “el miedo rápido” y “el miedo lento”. El primero nos hace reaccionar inmediatamente sin haber terminado de saber qué es lo se nos viene encima. El segundo es la reacción una vez analizada la información. Primero pegamos un brinco, luego ya veremos si era justificado o no. El primero necesita sólo 12 milisegundos, mientras que el segundo necesita el doble.

comparativa
Comparativa de tamaño de cerebros, no te dejes engañar, lo relevante es la relación entre el tamaño del cerebro y el cuerpo del animal. Entre otras cosas.

Si vemos algo alargado que se mueve en el suelo, mejor actuar directamente como si fuera una serpiente y descubrir más tarde que era un cable o un palo, aunque nos sintamos tontos por haber pegado un salto”innecesario”. De esto trata “el momento coño“. Posteriormente sera el sistema parasimpático el que nos hará volver a la normalidad y relajarnos tras el susto inicial, cuando nuestro cerebro evolucionado haya tenido tiempo de confirmar lo que era realmente, y haya decidido que es inofensivo para nosotros.

¿Qué tiene esto que ver con nuestros perros? Muy sencillo, los perros son muy listos, pero por mucho que queramos, no tan evolucionados como nosotros, al menos a nivel cerebral desde un punto de vista biológico. Así que hay ciertos estímulos que les activarán reacciones primarias siempre. Y eso solo hay una forma de evitarlo, o de atenuarlo. La correcta socialización.

agresivo

Esta es la explicación de por qué a veces los perros se asustan de algo inesperado que nosotros sabemos inofensivo. Porque primero tienen la reacción visceral, y su cerebro no está tan desarrollado como el nuestro para poder discriminar todos los estímulos que aparecen ante nosotros cada día. Por otro lado, los perros tienen ciertas conductas “impresas” en sus cerebros, como la de caza si ven algo moverse rápido delante de ellos. En principio están “programados” para responder así ante un estímulo que les activa. Y de nuevo volvemos a la necesidad de socializarlos y educarlos lo más posible en su etapa de cachorros.

by-Mark-Robinson

Ahora que entendemos por qué los perros pueden tener reacciones inesperadas cuando ven un juguete demasiado cerca, o cuando pasa un niño corriendo y gritando frente a ellos. O si algo les asusta por qué pueden dar un mordisco antes de que nos demos cuenta siquiera de que hay un problema.

Por eso hay que exponerlos a tantas experiencias diferentes como sea posible desde que son cachorros. La ventana de socialización se acaba alrededor de los 3 meses de vida del perro, siendo muy cachorro. Antes de que cumpla 3 meses y una semana, deberíamos haberle hecho conocer a tanta gente diferente como hayamos podido. Niños, niñas, hombres, mujeres, mujeres embarazadas, personas de distintas razasa, con sombrero, con gafas, con barba, afeitados… También a escaleras mecánicas, vehículos de todo tipo, ascensores, puertas automáticas y distintos sonidos. Personas que corran, en bicicleta, gente gritando y todo lo que se nos ocurra.

Respecto a evitar que corran tras gente que va muy rápido, en bicicleta o patines, se impone educarlos correctamente. Acostumbrarlos desde pequeños a que vean normal no dejar salir su instinto de presa, es la forma más segura de vivir en sociedad con nuestro perro.

Espero que la información os haya resultado de interés, he simplificado mucho el tema para ilustrar la información que quería transmitir, espero que nadie se enfade por ello 😉

Recuerda que puedes comentar en el blog, o en la página de Facebook. Y sobre todo, no compres, ¡ADOPTA!

Quiero expresar mi agradecimiento a la Dra. María José Mas (@MasTwitts), neuropediatra, por revisar el artículo antes de su publicación. Puedes visitar su blog “Neuronas en crecimiento” aquí.

Fuentes:

Informe sobre reacción policial ante el peligro: https://carris.files.wordpress.com/2011/01/el-agente-de-policc3ada-reaccic3b3n-ante-el-peligro-asociacic3b3n-profesional-de-policc3adas-2011.pdf

*“El cerebro emocional” de Joseph LeDoux

“Animals in translation”, Temple Grandin y Catherine Johnson.

Artículo sobre la comparación del cerebro de diferentes animales. http://www.fogonazos.es/2014/05/comparando-nuestro-cerebro-con-otras.html

Imágenes: Frontiers in Neurosicence, Mark Robinson.

 

 

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