Los extremos son malos, y en el adiestramiento también.

Por Juan Luis de Castellví

En los años 60 hubo un importante experimento llevado a cabo por Harry Harlow, de la Universidad de Wisconsin. En dicho experimento, hicieron dos falsas “mamás mono”, una de alambres que daba leche, y otra blandita, como un muñeco de peluche, que no daba leche. Los bebés monos preferían irse con la blandita que con la que daba alimento. (Hizo más experimentos, pero este es el que viene al caso).

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Los perros no son macacos (iba a poner “no son monos”, pero seguro que alguien me dice que son monísimos), pero son mamíferos y este experimento nos da algo en qué pensar. Probablemente todos los que han tenido, tienen, o conocen algún perro, saben que si les enseñas un trozo de salchicha, la inmensa mayoría se convierten en mercenarios que estarán encantados de sentarse, darte la patita, o hacer cualquier cosa que les pidas (y estén entrenados para hacer).

Aún así hay distintas corrientes de adiestradores, y multitud de dueños perdidos entre tanta información, sin saber a quién hacer caso. Los hay que te dirán que el perro tiene que obedecer por tu amor y los premios tienen que ser tus caricias y juegos. Los hay que te dirán que solo uses comida y que los entrenes cuando tienen hambre. Y esto solo entre el entrenamiento “positivo”. Luego tienes a los que te dirán que hay que someter al animal, ya sea a base de gritos, o de elementos como los collares eléctricos o de vibración. Hay que destacar que un “no” a tiempo, es necesario. Y aunque ya no es “positivo”, creo que se entiende que no es lo mismo que pegarle al perro, por ejemplo.

¿Quién tiene razón?

Pues se puede decir que todos y ninguno. Pensar en una raza como un montón de individuos iguales, suele reservar sorpresas. No todos los Golden Retriever son maravillosos peluches de compañía, como no todos los pastores Belgas Malinois son excelentes rastreadores. Ciertamente hay muchas probabilidades de que dentro de una raza haya unas características similares, que son las que la han hecho popular, pero no hay que perder de vista que cada individuo es único, y que el modo en el que se socialice y se críe ese animal, también marcará una diferencia.

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Y luego tenemos otro factor determinante, nuestro carácter y cómo va a casar con ese perro. No me canso de decir que hay que buscar un perro que “encaje” en nuestro estilo de vida. Si somos unos atletas, un carlino no es el mejor perro para ir a entrenar con nosotros. Y si somos unos sedentarios tremendos, un border collie tampoco será feliz a nuestro lado. Al primero terminaremos matándolo del esfuerzo, y el segundo tendrá serios problemas de comportamiento, que harán muy difícil la convivencia. Siempre puede haber excepciones, pero son eso, excepciones. En general tendremos muchos problemas si no estamos bien asesorados antes de introducir un perro en nuestra vida.

En otros experimentos hechos con perros, se ha probado que prefieren a la persona en la que confían. Que se guían de nuestros gestos. Que si tienen que optar entre una persona a la que le ven los ojos y otra a la que no, por ejemplo con gafas de sol, elegirán a la primera. También que si tienen que elegir entre alguien que les da comida, preferirán a alguien conocido aunque el bocado sea menos sabroso. Es decir, tenemos pruebas a favor de su interés por la comida, pero también de su interés por el contacto social y el calor de otro ser vivo, preferiblemente conocido y en el que puedan confiar. También el Dr. Gregory Berns demostró a través de resonancias magnéticas en perros despiertos que los perros quieren a sus dueños. Y el Dr. Attila Andics,, que entienden el significado de nuestras palabras.

También sabemos que si lo engañas y se da cuenta, pierdes su confianza. Así como que en muchos perros de trabajo, el estado de ánimo de su guía influye en los resultados del animal.

Con esto quiero decir que no podemos cerrarnos en banda y no querer escuchar algo distinto a lo que siempre hemos “sabido”. En este campo se siguen haciendo descubrimientos prácticamente a diario, porque pese a ser el animal más próximo a nosotros, se ha empezado a estudiar seriamente hace relativamente poco. Y además, la convivencia con nosotros también afecta a su comportamiento. La reputada zoóloga Temple Grandin sugiere en su libro “Animals make us human“, que el aumento de la incidencia de ataques graves a humanos por parte de perros, más de un 30% frente a poco más de 2% del aumento en el número de perros (cifras de los Estados Unidos), podría deberse a las leyes relativas a la obligación de llevar a los perros atados, así como el tenerlos en casa sin poder dejarlos jugar con otros perros del barrio, como pasaba en la época de la gente que ahora tiene 60 o 70 años, hablamos de apenas una generación, y las adaptaciones obligadas por la convivencia, parecen tener efectos colaterales indeseados.

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Foto de bigpicture.ru. Licencia CC.

Abre tu mente. Cada perro tiene necesidades diferentes.

Así que conviene ser capaces de adaptarse a distintas necesidades. A veces encontraremos perros extremadamente testarudos, en otras ocasiones será increíblemente fácil adiestrarlos/educarlos, algo necesario para la convivencia en sociedad. No conviene criticar sistemáticamente todo lo que sea contrario a lo que nosotros estimamos correcto. Hay herramientas que nos pueden parecer odiosas porque tenemos como referencia a nuestro perro y nuestros conocimientos, pero que en manos del profesional adecuado, y dadas las necesidades de un animal específico, pueden ser las necesarias. O las únicas que vayan a funcionar. Un adiestrador que diga que con el mismo método se puede entrenar satisfactoriamente a cualquier perro, probablemente esté equivocado.

Por tanto, cada perro necesitará distintas maneras de entrenar para distintas actividades. Con cada perro tendremos que encontrar lo que le vuelve loco, lo que desea más que ninguna otra cosa. Y esa será la herramienta con la que podremos entrenarlo y educarlo. Con algunos la sintonía será estupenda. Con otros habrá días que una caricia será suficiente y otros en los que habrá que optar por premios más apetitosos. Para algunos ejercicios habrá que decirle “no”, mientras que para otros tendremos que usar la correa hasta que nos aseguremos de que comprende lo que queremos, y así con un largo etcétera. Y nada de eso es malo o bueno, es lo necesario en cada momento para lograr un objetivo de convivencia con seguridad en la sociedad en la que nos toca vivir. En un mundo ideal las cosas serían diferentes, pero no vivimos en el mundo ideal, vivimos en el que tenemos.

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